La amenaza de
las inundaciones en la capital de Tailandia parecía haberse suavizado
este lunes, pero los responsables advirtieron de que la crisis no había
terminado y las autoridades luchaban contra las peores crecidas en
varias décadas.
Tres meses de una intensa temporada de lluvias del monzón provocaron
fuertes inundaciones en tres provincias del centro y el norte de
Tailandia, ocasionando crecidas de varios metros de altura en algunos
lugares y dejando unos 300 muertos.
Decenas de personas se vieron obligadas a buscar refugio en albergues
mientras las aguas cubrían las casas y los comercios, obligando a
detener la actividad industrial.
El Comando de la Operación de Socorro en Inundaciones indicó en un
comunicado que tenía "confianza en que la inundación no llegaría a
Bangkok", pues las aguas eran desviadas a través de un complejo sistema
de ríos y canales alrededor de la capital.
Este comando señaló que la situación estaba "en buena medida bajo
control". Sin embargo, el director general del Departamento de
Irrigación, Chalit Damrongsak, advirtió de que la situación sigue siendo
crítica, ya que las aguas de las zonas bajas al norte de Bangkok
todavía deben ser drenadas hacia el mar.
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