Sin embargo, aunque la muerte de Gadafi fue al menos en parte
consecuencia de la intervención exterior, es la presión interna de los
cada vez más exigentes habitantes de las ciudades africanas la que está
marcando el camino del mayor cambio político del continente.
Recientes elecciones africanas, aunque en muchos casos se han
inclinado hacia el titular de manera más o menos directa, han demostrado
que pueden sustituir a los golpes de Estado como la forma preferida
para derrocar a los líderes que han permanecido más tiempo del mandado.
"Es la urna y no la bala la que está llevando a cabo el cambio
político en África", dijo Tara O'Connor de la Africa Risk Consulting,
con sede en Londres.
"La presión para esto (el cambio) es local y sostenida".
Abatido por los combatientes que invadieron el jueves su ciudad natal
Sirte, con ayuda de la OTAN, Gadafi encabeza la lista de los
mandatarios de África que se han mantenido en el poder durante más
tiempo con 42 años de autocracia y a menudo ejerciendo un poder
sangriento y excéntrico.
Gadafi superaba los 32 años del presidente Teodoro Obiang Nguema
Mbasogo del pequeño estado central africano y productor de petróleo
Guinea Ecuatorial, los mismos de Jose Eduardo dos Santos de Angola, y
los 31 años de Robert Mugabe de Zimbabue.
El Club de Más de Dos Décadas ya ha perdido dos miembros este año con
las revueltas de la "primavera árabe": el presidente de Túnez, Zine al
Abidine Ben Ali, y el de Egipto, Hosni Mubarak.
CONTROL DE SEIS INSTITUCIONES CLAVE
Al sur del Sáhara, el impulso del cambio ha sido menos espectacular, y algunos dudan incluso de si está sucediendo.
Blaise Compaore, de Burkina Faso, amplió su mandato de 24 años en
abril con un amplia victoria electoral del 80 por ciento. Los resultados
preliminares en los comicios de Camerún de este mes indicaban que Paul
Biya iba camino de aumentar sus 29 años en el poder.
Ambas elecciones tuvieron una oposición débil, acusaciones de
irregularidades y una apatía electoral convencida de que su voto no
cambiará nada - la clásica combinación que favorece al candidato en el
poder que tiene un firme control de la maquinaría del Estado.
El activista de Ghana George Ayitteh dijo que los gobernantes
autoritarios seguían en el poder por su influencia en más de seis
instituciones de vital importancia: las fuerzas de seguridad, los medios
de comunicación, la administración pública, el parlamento, el poder
judicial y la comisión electoral.
Pero de esos seis, Ayitteh dijo que los medios se están escapando
cada vez más del alcance de estos líderes debido al crecimiento de
emisoras de radio FM de propiedad privada y la expansión de Internet,
especialmente en las ciudades.
"Para ellos es casi imposible controlar Internet, mientras que la
radio es un medio muy poderoso en África. Les va a resultar difícil
mantenerse en el poder", dijo Ayitteh, que dirige la Fundación Liberar a
África con sede en Washington.
La caída del Muro de Berlín en 1989 y el colapso de la Unión
Soviética acabó con el papel de África de sustituto de las rivalidades
de la Guerra Fría, con las superpotencias apuntalando dictadores
compatibles ideológicamente. Un cambio en la política francesa también
supuso que los dirigentes de las ex colonias ya no disfrutaran del apoyo
automático de París.
Laurent Gbagbo, de Costa de Marfil, lo aprendió bien en abril, cuando
tras haber permitido que sus fuerzas de seguridad disparasen munición
real contra los manifestantes, fue destituido de su cargo por las
fuerzas rebeldes apoyadas por las tropas francesas.
Sin embargo, el factor más poderoso de todos puede ser la implacable
tendencia demográfica que está convirtiendo África en un continente
dominado por los jóvenes urbanos.
PRESIÓN DE LAS CIUDADES
Aunque muchos de los "grandes hombres" que aún quedan en el poder
están en torno a los 70 años, más de la mitad de los 1.000 millones de
habitantes africanos tiene menos de 25 años y en muchos casos no saben
nada excepto la vida en la ciudad, dijo O'Connor.
"La urbanización está rompiendo las tradicionales lealtades étnicas.
El factor común ahora es la demanda de trabajo, la salud y la vivienda,
lo que ejerce presión sobre los políticos".
Esa presión sería aún mayor si no fuera por la oposición fragmentada
en muchos estados africanos, incapaces de dejar las rivalidades internas
a un lado para formar un frente común. Biya de Camerún, por ejemplo, se
enfrentó a más de 20 rivales.
Tanto O'Connor como Attiyeh admitieron que llevará tiempo que se
desarrolle una fuerza opositora viable en algunos países, pero apuntaron
que, a diferencia de hace dos décadas, los boicots a las elecciones que
solían dar una victoria fácil al gobernante eran ahora poco frecuentes.
Elecciones relativamente tranquilas en países como Nigeria y Zambia,
que el mes pasado vio tomar el poder al líder de la oposición Michael
Sata, están ofreciendo a los africanos la prueba de que pueden derrocar a
los líderes no deseados.
Attiyeh dijo que las revueltas de la "primavera árabe", aunque no se
han emulado más al sur, habían creado una sensación de impaciencia por
el cambio entre muchos africanos que en los próximos años pueden llevar a
una serie de enfrentamientos entre ellos y los veteranos gobernantes
que aún permanecen en el poder.
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