Líderes de la zona euro acordaron la semana pasada un segundo paquete
de ayuda de 130.000 millones de euros para la problemática economía,
así como una amortización del 50 por ciento de la deuda griega para
hacerla sostenible.
El precio de ese paquete es un programa de estrictos recortes de
gastos estatales que ha desencadenado una ola de indignación molestia
entre los griegos.
Papandreu, cuyo gobernante Partido Socialista ha sufrido varias
deserciones al impulsar olas de medidas de austeridad en el Parlamento
mientras los manifestantes protestaban en el exterior, dijo que necesita
un apoyo más amplio para las reformas fiscales y estructurales exigidas
por los prestamistas internacionales.
Un líder de la coalición de centroderecha de la canciller alemana,
Angela Merkel, dijo el martes que estaba "irritado" por el anuncio de
Papandreu.
"Esto me suena como alguien que trata de zafarse de lo que acordó
(...) una acción extraña", dijo Rainer Bruederle, el líder parlamentario
de los Demócratas Liberales.
"Uno sólo puede hacer una cosa: organizar los preparativos para la
eventualidad de que se produzca una insolvencia estatal en Grecia y si
no cumple los acuerdos, entonces habremos alcanzado el punto donde el
dinero ya no será entregado", sostuvo Bruederle.
Casi el 60 por ciento de los griegos considera que el acuerdo de la
UE, alcanzado el jueves, es negativo o probablemente negativo, mostró
una encuesta publicada el sábado.
La renovada incertidumbre probablemente será una vergüenza para los
líderes del G-20 que se reunirán esta semana en Francia para tratar de
convencer a China de que provea una cuerda de salvamento a la zona euro.
"Si hubiera un referéndum, se puede concluir razonablemente que las
medidas de austeridad podrían ser rechazadas. Podríamos concluir que
ésto haría caer el castillo de naipes", dijo Howard Wheeldon, estratega
senior de BGC Partners en Londres.
Las primera reacciones al anuncio fueron desde acusaciones de que
Papandreu estaba apostando con el futuro del país y predicciones de una
suspensión de pago, a preguntas sobre la legalidad del referéndum y
declaraciones de legisladores respecto a que un rechazo llevaría a la
renuncia del Gobierno y a elecciones anticipadas.
El economista ganador del premio Nobel Christopher Pissarides resumió
el ánimo de incertidumbre: "Es difícil predecir qué ocurrirá a Grecia
si lo rechazan. Será suficientemente malo para la Unión Europea y la
zona euro en particular, pero será mucho peor para Grecia".
"En el escenario de un voto 'No', Grecia declararía una bancarrota
inmediatamente, entraría en suspensión de pagos inmediatamente. No puedo
ver que así continúen dentro del euro", agregó.
El ministro finlandés de Asuntos Europeos, Alexander Stubb, dijo a la
cadena MTV3: "La situación es tan ajustada que básicamente sería una
votación sobre su membresía en la zona euro".
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