INTERNACIONALES
Washington, (EFE).- El presidente
estadounidense Barack Obama presentará el martes su propuesta
presupuestaria para 2015, en la que plantea un aumento del gasto
público, aunque lo hará consciente del rechazo que suscitará en los
republicanos en este año electoral.
Obama propondrá subir un 1 % el salario de los
empleados públicos y militares, y cerca de 56.000 millones de dólares en
nuevo gasto público para programas sanitarios y educativos, compensados
en parte por los ingresos provenientes de la supresión de determinados
"agujeros" fiscales, de acuerdo con lo adelantado en estos días por la
Casa Blanca.
Uno de los elementos clave, sin embargo, será la
decisión ya confirmada del presidente de dar marcha atrás en su
propuesta de aplicar una actualización menos ventajosa para los
beneficiarios de los subsidios de la Seguridad Social (pensiones) y
otros programas sociales, lo que debía contribuir a contener la escalada
de este gasto.
Esta medida había sido parte de su estrategia
central para un "gran acuerdo presupuestario" con el objetivo de reducir
el abultado de déficit del país y ganar el respaldo de la oposición
republicana en el Congreso.
"Hubo un tiempo en que había algo más de optimismo
sobre la voluntad de los republicanos de moverse hacia el cierre de
ciertos agujeros fiscales. Pero en el curso del último año, han
rechazado hacerlo", reconoció Josh Ernest, portavoz asistente de la Casa
Blanca.
Si los republicanos no acceden a suprimir ciertas
exenciones fiscales de las que se benefician las rentas altas, el
Gobierno no mantendrá la idea de un ajuste en el gasto social mediante
la fórmula del nuevo coeficiente de inflación.
De este modo, Obama da un paso al frente y asume
que lo que resta de 2014 estará marcado por las campañas de cara a las
elecciones legislativas de medio mandato de noviembre en las que se
renovará la totalidad de la Cámara de Representantes, actualmente
controlada por los republicanos, y un tercio del Senado, de mayoría
demócrata.
Como era de esperar, el presidente de la Cámara de
Representantes, el republicano John Boehner, rechazó de inmediato los
primeros detalles del presupuesto de Obama al "afirmar que el presidente
no tiene interés en hacer nada, ni siquiera algo modesto, para encarar
nuestra amenazante crisis de deuda".
Al mismo tiempo, la nueva propuesta se produce en
un contexto de relativa calma en la confrontación presupuestaria con el
Congreso, después de unos agitados meses, que se iniciaron con el cierre
parcial de la Administración federal por dos semanas en octubre.
Finalmente, y tras varios meses con la
incertidumbre acechando sobre una nueva paralización federal,
republicanos y demócratas acordaron en diciembre un pacto presupuestario
de mínimos diseñado por los presidentes de los comités presupuestarios
de ambas cámaras, el representante republicano de Wisconsin Paul Ryan y
la senadora demócrata por Washington Patty Murray.
El acuerdo permite la financiación del gobierno
federal hasta final de 2015 a cambio un ligero alivio en los recortes
automáticos del gasto público adoptados previamente, pero no implicará
radicales reformas en los programas sociales.
A esta tregua se sumó una prórroga de un año en la
guerra sobre el tope de endeudamiento federal, otro de los caballos de
batalla fiscales de EE.UU.
Los últimos datos e indicadores económicos
sustentan esta relajación de las tensiones presupuestarias y dan así un
respiro a la política de austeridad autoimpuesta en Washington.
Según la Oficina de Presupuestos del Congreso,
EE.UU. experimentará un progresivo descenso del déficit presupuestario
hasta los 514.000 millones este año y 478.000 millones de dólares en el
año fiscal 2015, muy por debajo de los déficit de 1 billón de dólares de
los años inmediatamente posteriores a la crisis de 2008.

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