INTERNACIONALES
MADRID,-La policía confirmó que los cuerpos
hallados en un pozo de una finca ubicada en la parte fronteriza con
Portugal pertenecen a Adolfina Puello, de 32 años y su hija Argelys
Leonela Sánchez, de nueve años, nativas de la República Dominicana,
desaparecidas en España desde hace varios meses.
Los vecinos de San Vicente de la Cabeza, un pueblo de apenas 500
habitantes situado en el oeste de la provincia de Zamora, casi no pueden
creer que uno de los veraneantes de la localidad, Raúl, de 30 años,
haya sido capaz de acabar por celos con la vida de su compañera
sentimental y de la hija de ésta, de nueve años, ni de abandonar sus
cuerpos en un viejo pozo junto al río Aliste, a su paso por el pueblo
natal de su madre.
Pero eso fue lo que descubrieron ayer cuando, a media mañana, empezó a
desplegarse por el término municipal un operativo policial integrado
por más de una decena de agentes. Buscaban a Adolfina Puello, dominicana
de 32 años, y a su hija Argelys Leonela Sánchez, de nueve, que habían
desaparecido en Madrid el pasado 30 de junio, con la maleta de la niña
hecha para coger un vuelo a Santo Domingo para ver a su familia.
La Policía encontró sus cuerpos poco después de llegar al pueblo,
tras dirigirse a la orilla del río. Lo hicieron sin vacilar, después de
abandonar la línea de investigación que les llevó a buscar los cadáveres
en el parque de la Dehesa de la Villa de Madrid, donde inicialmente
situó el detenido el depósito de los cuerpos. Hasta la orilla del río
Aliste fue donde ayer les dirigió Raúl Álvarez, la pareja sentimental de
la mujer, que el lunes había confesado haber matado a ambas.
Fuentes policiales explicaron que ya desde mediados de julio se
barajaba la posibilidad del doble crimen, y que añadieron que uno de los
dos lugares sospechosos de ocultar los cuerpos era este pozo de Zamora.
El otro lugar también estaba en San Vicente.
Raúl reconoció que había depositado los cuerpos en un pozo abandonado
situado junto al cauce del río donde todavía se ven restos de la
maquinaria de una noria en desuso. Precisamente, algunas de las piezas
metálicas, que ayer estaban tiradas sobre la maleza, sirvieron al
agresor para sujetar los cuerpos y evitar que flotaran. Una vez que se
retiraron los cadáveres, los vecinos se acercaron hasta la zona, un
lugar, según reconocen, poco frecuentado junto al río. Se encuentra
apenas a 200 metros del casco urbano y, aunque se trata de una zona de
fácil acceso tanto a pie como en vehículo, la vegetación, muy crecida,
hace incómodo el paso.
Junto al mismo brocal del pozo, los vecinos manifestaron su extrañeza
y su incredulidad ante la implicación de Raúl en la muerte de dos
personas.
«Es un muchacho muy majo», decían con seguridad. No llegó a criarse
en el pueblo, pero es conocido por todos porque iba con una cierta
frecuencia «como un veraneante más» y ocupaba la casa familiar, una
construcción recién rehabilitada propiedad de la familia, en la que
también sus padres, ya jubilados, pasan parte del verano.

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