Por Malena Castaldi y Esteban Farat
MONTEVIDEO (Reuters) - Tabaré Vázquez triunfó el
domingo en las elecciones presidenciales de Uruguay, dando a la
izquierda gobernante un tercer período consecutivo para consolidar su
fórmula de crecimiento económico con acento social e intentar resolver
asignaturas pendientes como la creciente inseguridad.
El recuento oficial mostró en la madrugada del lunes
que el candidato oficialista del Frente Amplio ganó cómodamente con un
52,8 por ciento de los votos frente al 40,5 por ciento de su rival
conservador, Luis Lacalle Pou, quien admitió temprano su derrota tras
recuentos privados que dieron ganador a Vázquez.
Respetado por haber logrado impulsar la economía y
reducir la pobreza en su primer gobierno (2005-2010), Vázquez asumirá la
presidencia de nuevo el 1 de marzo para suceder a su aliado José
Mujica, un ex guerrillero de 79 años.
Si bien es más moderado que Mujica, Vázquez es
considerado una garantía de continuidad de varias iniciativas aprobadas
por el mandatario saliente, a pesar de haberse opuesto en el pasado a
leyes como la del aborto y de preocuparse por el impacto en la seguridad
de la legalización del cultivo y venta de marihuana.
"Vamos a sacar adelante este país con más libertad,
humanidad (...), más justicia social", dijo el oncólogo de 74 años tras
proclamarse vencedor.
Miles de uruguayos salieron a las calles de Montevideo a
festejar con banderas rojas, azules y blancas -los colores del Frente
Amplio- la victoria de Vázquez, que fue felicitado por mandatarios de la
región como los de Argentina y Venezuela.
En el centro de la ciudad, partidarios del oficialismo
hacían sonar las bocinas de sus coches en medio de largas colas,
mientras sus ocupantes agitaban banderines del partido.
"El gobierno de Mujica ratificó lo bueno que había
hecho el primer gobierno del Frente", dijo Sandra González, una empleada
de 40 años que celebraba el triunfo de Vázquez. "La victoria de hoy
respalda todo lo que hizo Mujica y ahora Tabaré tiene que encarar lo que
no pudo solucionar Pepe (Mujica), que es educación y seguridad".
Vázquez contará con una mayoría en el Congreso que hará
más fácil la aprobación de sus iniciativas, como la de establecer
nuevos impuestos a los grandes terratenientes para financiar mejoras en
la educación, un reclamo de muchos uruguayos.
Y debe hallar una solución para otros temas que le
quitan el sueño a sus compatriotas: el deteriorado servicio público de
salud y el aumento de la delincuencia en un país que tradicionalmente ha
sido seguro.
Además, tiene el reto de mejorar sus vínculos
diplomáticos con Argentina, uno de sus principales socios comerciales,
desgastados hace años por las diferencias en torno a la instalación de
una planta de celulosa sobre un río limítrofe.
"¡No nos dejen solos, no nos dejen solos! Tienen que
exigir a cada día y en cada momento, cada vez más, para que podamos con
fuerza llevar adelante el programa y el proyecto político del Frente
Amplio", dijo Vázquez.
COSECHANDO FRUTOS
Un cóctel de factores inclinó la balanza a favor de Vázquez.
Durante su primer mandato, el médico pudo estabilizar
la economía y reducir la pobreza combinando políticas pro mercados con
iniciativas sociales. Pero como la reelección inmediata no se permite en
el país, le entregó la banda presidencial a su aliado Mujica teniendo
una popularidad del 70 por ciento.
A su turno, el carismático Mujica, que con su estilo
poco protocolar se convirtió en uno de los líderes más populares de
Latinoamérica, mantuvo el rumbo económico de Vázquez y profundizó sus
programas sociales.
Como resultado, Uruguay, un pequeño país
primordialmente ganadero, en la última década ha crecido a un ritmo
promedio de casi el 6 por ciento anual y ha reducido la pobreza un
tercio a su mínimo histórico de poco más del 11 por ciento.
"El tercer gobierno
del Frente permitirá demostrarle al mundo que Uruguay puede ser
progresista y exitoso, bajando la pobreza y con la economía mejor que
nunca", dijo Richar Martínez, un empleado de una pizzería de 39 años con
una bandera del Frente Amplio en sus hombros.
Si llegaba al poder, Lacalle Pou, un joven legislador
de 41 años, había prometido derogar partes de la norma que regula la
marihuana, que busca un nuevo enfoque contra el narcotráfico pero es
rechazada por la mayoría de los uruguayos.
Sin embargo, su discurso no caló lo necesario por no
haber logrado mostrar un proyecto alternativo lo suficientemente sólido.
Y tampoco pudo explotar las asignaturas pendientes del gobierno en
educación, salud y seguridad.
"Vamos a asumir la responsabilidad que la gente nos
dio, que es la conducción partidaria y ser la segunda fuerza mayoritaria
en el parlamento para impulsar nuestras cosas, para controlar y para
convencer", dijo Lacalle Pou.
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